Este mandala simboliza la majestuosidad y la elegancia de una joya antigua, un tributo a la realeza y a la riqueza espiritual.
Los tonos azul profundo y púrpura evocan sabiduría, intuición y nobleza, mientras que los detalles dorados representan la luz divina que enaltece todo lo que toca.
Este mandala es un recordatorio de nuestra propia grandeza interior, de la conexión con lo eterno y lo sagrado. Es un emblema de equilibrio, poder y belleza, digno de un alma regia.





















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