Este mandala simboliza la conexión entre naturaleza, cosmos y energía espiritual. La Flor de la Vida representa la creación universal, un patrón que une todo lo existente. La amatista aporta protección y espiritualidad, mientras que el jade simboliza paz y equilibrio.
Los tonos verdes evocan conexión con la tierra, y los púrpuras reflejan intuición y transformación. Los detalles dorados enmarcan luz divina y sabiduría eterna.
Este mandala es un portal hacia la energía universal, recordando la perfección de la naturaleza y nuestra capacidad de resonar con ella.





















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